Señas para turnos: cuánto cobrar y cómo comunicarlo
Porcentaje o monto fijo, qué se siente justo según el precio del servicio, cómo anunciar la seña sin perder clientes y cuándo conviene no cobrarla.
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Para qué sirve una seña (y para qué no)
Una seña no es una fuente de ingresos. La plata que entra por seña es plata que después vas a trabajar: no sumaste nada, adelantaste. Lo que cambia es otra cosa, y es lo único que justifica el trabajo de administrarla: quien pone plata antes, viene. Y quien no está dispuesto a poner nada, casi siempre es el mismo que reservó por las dudas y te dejó el horario bloqueado.
Por eso la pregunta correcta no es cuánto quiero cobrar, sino cuánto alcanza para que el que está dudando se decida ahora. Es un filtro, no un negocio.
Porcentaje o monto fijo
Monto fijo. Un número solo, igual para todo. Se dice en una frase, se entiende sin calculadora y no se negocia por servicio. Funciona bien cuando tus servicios están dentro de un rango de precios parecido: si el más barato y el más caro se llevan dos o tres veces, un fijo del orden del servicio más barato es prolijo para todos.
Porcentaje. Entre 15% y 30% del precio del servicio. Escala solo, no hay que actualizarlo cada vez que aumentás y es más justo cuando tenés servicios muy desparejos: en una peluquería donde el corte sale una cosa y unas mechas salen diez veces más, un fijo o es irrisorio arriba o es una barrera abajo.
La regla práctica: si el servicio más caro no llega a triplicar al más barato, usá monto fijo; si lo supera, usá porcentaje.
Cuánto, según el tipo de servicio
No hay un número universal, pero sí hay tres situaciones distintas.
Servicios cortos y baratos (hasta media hora). Seña baja, del orden del 15% al 20%, y con una advertencia: acá la seña suele no valer la pena. Vas a administrar transferencias y comprobantes por un monto chico, y la fricción que agregás cuesta más que el turno que perdés. Antes de ponerla, medí tu tasa de ausencias.
Servicios de una a dos horas. Es el caso donde mejor funciona: entre 20% y 30%. Es plata que se siente pero no asusta, y la hora perdida duele.
Servicios largos o con materiales (tres horas, color, tratamientos, mecha). Acá no pienses en porcentaje: cobrá al menos lo que gastás en material que no podés devolver. Si preparaste producto o compraste algo para esa persona, eso es pérdida real y no un horario vacío. Un monto fijo que cubra el material, aunque sea el 10% del precio final, es más defendible que cualquier porcentaje.
Un criterio que sirve para cerrar el número: la seña tiene que ser incómoda de perder y fácil de pagar. Si al escucharla el cliente duda un segundo, está bien puesta. Si tiene que pensarlo dos días, es un precio de entrada, no una seña.
La mecánica en Argentina
Casi todo el mundo cobra por transferencia: alias, monto, y el cliente sube el comprobante. No hay comisión de pasarela y la plata está en tu cuenta al toque, pero alguien tiene que mirar los comprobantes. Hacelo una vez por día, no turno por turno, o vas a estar respondiendo mensajes toda la tarde.
Y una advertencia que casi nadie dice en voz alta: si cobrás seña, tenés que estar dispuesto a devolverla rápido. Devolver una transferencia es trabajo manual y no hay forma de automatizarlo. El día que te enfermás y cancelás vos, esa devolución tiene que salir en horas, no en semanas. Si sabés que no vas a hacerlo, no cobres seña: una seña que no vuelve cuando corresponde es la forma más rápida de perder a alguien para siempre.
Cómo comunicarla
La regla es una sola: la seña se dice antes de reservar, nunca al llegar. Una condición que aparece después es una sorpresa, y las sorpresas en el momento de pagar se cuentan a las amigas.
Tu política necesita responder tres preguntas por escrito, en dos líneas:
- Si aviso con tiempo, ¿qué pasa? Lo más razonable: la seña se pasa al turno nuevo. Poné un límite —una o dos veces— para que no se transforme en un crédito eterno.
- Si aviso tarde o no vengo, ¿qué pasa? Acá se pierde. Definí "tarde": 24 horas alcanza para cortes, uñas y turnos de menos de una hora; 48 horas es más razonable para servicios largos, donde reponer el hueco cuesta más.
- Si el que cancela sos vos, ¿qué pasa? Devolución completa y prioridad para reprogramar. Esta es la pregunta que casi nadie escribe y es la que hace que todo lo demás se sienta justo. Sin ella, tu política dice que el tiempo de una sola de las dos partes vale plata.
Tres maneras de decirlo, según a quién:
Al reservar, en el flujo: "Para dejar el turno reservado pedimos una seña de $X. Se descuenta del total. Si avisás con 24 horas, se pasa al turno que elijas."
A los clientes de siempre, la primera vez: "Desde el mes que viene voy a pedir seña para los turnos del sábado y para color. Me pasó de tener la agenda llena y el día medio vacío, y prefiero eso antes que subir los precios. A vos te la puedo tomar el día del turno si te queda más cómodo."
Al que pregunta y desconfía: "Es para reservarte el horario. Se descuenta de lo que pagás ese día y, si no podés venir y me avisás, la usás en el próximo."
Fijate lo que hacen las tres: explican para qué es, dicen que se descuenta y dan una salida. Ninguna amenaza.
Si vas a poner una seña, ponela para que el sistema la cobre siempre igual. Una regla que aplicás según tu humor de ese día no es una regla: es un trato distinto para cada cliente, y se nota.
Vas a perder algunos clientes
Es cierto y conviene decirlo. Cuando anunciás la seña, la cantidad de reservas baja. Lo que también baja —y es el punto— es la cantidad de reservas que no se convierten en nada.
Medilo bien: no compares reservas contra reservas, compará turnos completados de los dos meses anteriores contra los dos meses siguientes. Si completás lo mismo o más con menos reservas, ganaste tiempo y tranquilidad. Si completás bastante menos, tu seña es demasiado alta o tu público no la banca; bajala o dejala solo en los horarios difíciles.
Cuándo conviene no cobrarla
- Si tu tasa de ausencias es menor al 5%. Estás pagando fricción para resolver un problema que no tenés.
- Si atendés en terapia. Una política de cancelación conversada en la primera sesión hace el mismo trabajo y forma parte del encuadre. La seña por transferencia corre la relación a un lugar comercial que ahí no ayuda.
- Si trabajás con obra social o prepaga. Muchas veces no podés.
- Si tus servicios son muy baratos. Administrar una seña chica cuesta más de lo que ahorra.
- Si tu clientela es de años y tu agenda funciona. Aplicala a los nuevos y a los horarios que más duelen, y dejá a los de siempre como están. Nadie tiene que pagar por un problema que no causó.
Empezá por los sábados, los servicios largos y la primera visita. Casi todas las ausencias que duelen están ahí.